- Entonces, ¿crees que por fin ha llegado la hora de la verdad?
- Sí, la verdad de conocer quién quiero ser y por qué yo misma me impido serlo.
- Sé quien quieres ser: quieres ser fuerte y arriesgarte, pero en realidad sabes que estás aterrorizada, en el fondo sigues pensando que nada mejora, nada sirve, nada es suficiente. Como en un río, tarde o temprano todo vuelve al cauce de recuerdos agridulces, de arrastrarse y dejarse llevar por una corriente que no se detiene, que no va a detenerse para que tú soluciones tus problemas.
- La solución no puedo tomarla prestada, debo encontrarla sola.
- ¿La solución? La solución no es más que volver a una jaula, como entrar voluntariamente en una cárcel, ¿entiendes? Los barrotes te atrapan, pero al mismo tiempo te protegen. No sé si me explico.
- Así que, pensándolo bien, tú lo que me propones es volver al país del cinismo y las irónicas sonrisas, al país donde las lágrimas van por dentro... pero al país de la estabilidad, al fin y al cabo. Del control.
- Exacto. Parece que ya no hay nada por lo que luchar, y mucho menos motivos para hacerlo.
- Yo sólo quiero un motivo...
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