Durante mucho tiempo he pensado que, en una pareja, real o imaginaria, correspondida o no, necesariamente hay una de las dos personas que siente más que la otra. Cómo recuerdo las palabras de Antonio Gala: "¿qué es el amante, qué es el amado?".
Ninguno de estos papeles tiene por qué ser mejor que el otro, ni siquiera han de ser fijos: pueden intercambiarse, variar según el tiempo, las épocas y los ánimos. Con los años me he ido convenciendo de que en un sentimiento intervienen demasiadas fichas, y por lo tanto no puede medirse en ninguna persona, porque cada una tiene su escala única e irrepetible. Imaginemos por un segundo, que el mundo es en realidad un excelso teatro, y que cada actor tiene un guión adjudicado, desde su concepción hasta su muerte.
Cuando nacemos, todos ansiamos ser los protagonistas de la gran obra: sin embargo no tardamos en entender que nuestros deseos no son la prioridad de nadie, menos aún de nuestros amados. Soñamos con ganarnos el papel del amante perfecto, reconocido por todos los ídolos. Si imaginamos la vida como una comedia, los personajes actúan según su reparto, su educación, su manera de ver la vida. Todos jugamos una interpretación brillante, aunque ojalá las heridas cuando llegan se dejasen ver como los juegos que verdaderamente son. No creo que mis palabras convenzan a nadie, pero en el fondo, la desilusión seguirá abrigando esperanza y los corazones dejarán de estar entumecidos. Conserva la fe en que tu comedia será la que siempre quisiste vivir, y para ello, sé amante y amado cuando tengas que serlo, y sobre todo sé el mejor en cada uno de los casos.
"Cuando el amor comienza, hay un momento en que Dios se sorprende de haber urdido en algo tan hermoso. Entonces, se inaugura -entre el fulgor y el júbilo- el mundo nuevamente, y pedir lo imposible no es pedir demasiado".
Antonio Gala
No hay comentarios:
Publicar un comentario